martes, 24 de enero de 2017

San Francisco de Sales Patrono de Los Escritores y Periodistas

Esbozando delante de la Unión Católica de la Prensa Italiana, la figura de San Francisco de Sales, "Patrono de los Escritores y periodistas", el Papa Paulo VI lo definió: "predicador, polemista, misionero, obispo, escritor, doctor, director espiritual, fundador del Monasterio de la Visitación, en una palabra, uno de los santos más brillantes por su ejemplo, por sus enseñanzas, sus gestos y palabras, su correspondencia y sus amistades". 

Es eso un elogio muy noble que manifiesta los multiformes aspectos del "Patrono de los Periodistas... de aquel que supo armonizar la nobleza de su origen con una profundidad intelectual y la santidad de vida. 

Francisco de Sales nació, hace más de cuatro siglos, en el castillo de Thorens, cerca de Annecy, como hijo del señor de Boisy. Fue el día 21 de Agosto de 1567. A los 26 años, él renunció a un futuro que su nombre, su fortuna, su cultura, - y no menos sus cualidades físicas y morales - le aseguraban entre las personas más ilustres de su época. A su padre le habría gustado más que su hijo fuese magistrado, heredando también el título y los castillos; como antiguamente su tocayo de Asís, Francisco de Sales prefiere, en lugar del esplendor del mundo, la gloria de la Cruz, y en lugar de heredar de sus feudos la conquista de las almas. 

Incluso entre las funciones eclesiásticas, reclamó para sí el trabajo más ingrato, o sea, el del ministerio pastoral entre los hermanos separados de la Región de Chablais. Ese ministerio era muy fatigoso y lo exponía a los peligros mayores, sin prometerle otra cosa, sino persecuciones y probables fracasos. De hecho, durante cinco años, viajando entre villas y poblados, al predicar a grupitos de católicos asustados o de Calvinistas irritados, él conoció el frío, el hambre, la ingratitud y la desconfianza, amenazas y atentados criminales. Pero él no era un hombre para renunciar a un proyecto que él sabía que era inspirado por Dios y aprobado por sus superiores. Conclusión: el catolicismo retomó su vitalidad en la región de Chablais y "recuperó" 25.000 fieles de los 30.000 que se habían pasado al Calvinismo. 

La elección de Francisco de Sales como Obispo Coadjutor en 1599 - a los treinta años de edad - y su nomeación para la sede de Ginebra en 1602, podían parecer como una recompensa, aunque no las había ambicionado... Era, en realidad, un nuevo y pesado cargo sobre los hombros de un hombre que, más que nadie, resentía sus responsabilidades propias. Continuaba viviendo como antes, pobre entre los pobres, pues había distribuido su patrimonio a los más necesitados. Seguía adelante predicando y escribiendo, rezando y viajando en la búsqueda de las ovejas perdidas. 

La fama de sus cualidades y virtudes profundamente humanas, hizo que fuese procurado como predicador para los púlpitos más célebres de Francia; en el período de Octubre de 1618 a Septiembre de 1619, él predicó más de 365 veces. Especialmente, ese renombre lo reveló a las almas más avanzadas en la vida espiritual como un incomparable orientador de conciencias. De esos años, tan sobrecargados de trabajo, se inscriben sus dos libros más famosos: la "Introducción a la Vida Devota" y el "Tratado del Amor de Dios" que le valieron al autor un lugar de gran maestro entre los escritores ascéticos e inscribieron su nombre entre los mayores de la literatura francesa. 

Francisco de Sales falleció en Lyón, el 28 de Diciembre de 1622, agotado más por el trabajo que por los años vividos. Fue proclamado "Bienaventurado" cuarenta años después y "Canonizado" en 1665. En 1887, el Papa León XIII lo proclamó Doctor de la Iglesia y, en 1923, Pío XI le confió el encargo - pesado, ciertamente, más tan apropiado a un santo como el, con su paciencia comprobada, su prudencia y sabiduría, como Patrono de los periodistas

Por lo tanto, San Francisco de Sales no fue periodista en el sentido actual; no dirigió un periódico, no se sentaba en una mesa de redactor, no hizo el servicio de correspondencia especial. En su tiempo, el verdadero periódico no había nacido todavía. 

San Francisco de Sales escribía cartas, unas treinta por día, según sus biógrafos; escribía obras de contenido teológico, ascético y moral, reunió en un solo volumen sus polémicas con los Calvinistas, pronunciaba innúmeros sermones, de los cuales las anotaciones preparatorias se conservaron. Materia vasta, es verdad, pero nada que se relacione con la literatura periodística. 
- ¿Por qué, entonces, esa elección? Debe haber un motivo. 

La encíclica "Rerum Omniun", el documento solemne por el cual, el día 26 de Enero de 1923, Pío XI proclamó a San Francisco de Sales como Patrono de los periodistas, contesta a esa pregunta. 

"Desde que", reza ella, "los heréticos simulaban no escucharle sus predicaciones, Francisco de Sales decidió refutarles los errores a través de hojas sueltas, redactadas entre dos predicaciones y distribuidas como circulares a ser copiadas que - pasando de mano en mano- acababan apareciendo entre los hermanos separados." 

San Francisco de Sales, por lo tanto, fue periodista en el sentido más elevado del término: periodista maestro, periodista que pone su pluma al servicio de una idea para formar o transformar la opinión pública, desviada por graves errores. Contrario a las costumbres de su tiempo, San Francisco de Sales no era "el hombre del libro", expresión esa que comporta una idea de genio, de cultura o de vanidad literaria. Él no pierde el tiempo en aplicar teorías estéticas de una época. Era el hombre de acción, que usa la pluma como un poderoso medio de apostolado. Para él, escribir era una parte importante de su apostolado: él pasaba, sin vacilar, de la predicación a la carta de polémica teológica, del libro a la "nota" de la dirección espiritual, pues comprendía que necesitaba dirigirse a cada alma, según las exigencias de cada una, sin parar delante de cualquier plano pre-fabricado; él ultrapasaba sus programas extendidos en su mesa de trabajo. 

Más allá de eso, Francisco de Sales escribía como hablaba, como rezaba - nosotros diríamos - como él "sonreía": mucha naturalidad, nada de artificialidad, nada de ¡preocupaciones estilísticas!. Fue uno de los escritores más elevados y más brillantes de su siglo, porque las páginas que escribía son la expresión de una vida y de una fe y, al mismo tiempo, un instrumento de salvación para su pueblo... 

Esas son las razones que, acertadamente, hacen de San Francisco de Sales el Patrono de los periodistas. Junto a él, se puede aprender todo: amor a la profesión, honestidad en el ejercicio de la misma, vivacidad de estilo y claridad de pensamiento, ardor en la defensa de la verdad y corrección en la polémica. 

San Francisco de Sales no podía prever aún lo que, un día, había de ser la prensa; reconocía, mientras tanto, el valor de la palabra escrita que permanece inalterable a pesar del tiempo que pasa y que pone todo su poder de persuasión en los momentos más adaptados a la sicología humana. 

Ya en 1877, el Obispo de Fossano, Mgr. Manacorda, siendo él mismo periodista... había solicitado a Pío IX, en un memorando solidamente fundamentado, que proclamase a San Francisco de Sales como Patrono de los periodistas. Cuarenta y seis años después, el cuarto sucesor de Pío IX acogió ese pedido, en la ocasión del tercer centenario de la muerte del Santo; él lo propuso como modelo de los periodistas y lo proclamó protector de ellos

"Nos gustaría," dice el, "de que el beneficio principal de esta solemne conmemoración (de las Fiestas Jubilares del Santo) favorezca a todos los católicos que, por la publicación de los periódicos y otros escritos, trabajan para promover y defender la doctrina cristiana. En las discusiones, les es necesario imitar y mantener este vigor característico, combinado con la moderación y la caridad de San Francisco. Es este, pues, que con su ejemplo, les enseña claramente la conducta que debe ser observada: que antes de todo, estudien esa doctrina y se esfuercen, con el máximo empeño, asimilarla completamente; que eviten celosamente quedarse abajo de la verdad y, con el pretexto de desviarse de toda ofensa de sus adversarios, disminuirla o disimularla; que se esmeren en la forma y en la elegancia de la expresión; que se empeñen en enunciar su pensamiento con claridad y belleza de estilo, de manera que sus lectores se encanten con la verdad; en el caso de combatir sus adversarios, que ellos sepan, evidentemente, refutar los errores y resistir a la deslealtad de los malos, pero de una manera que todos puedan reconocer la plena rectitud y, sobre todo, la caridad que les anima."
Pese al pasar de los siglos, el modelo no perdió nada de su actualidad; los diversos episodios de la vida de San Francisco de Sales posiblemente no toquen muy de cerca la vida del periodista moderno, mas, el alma del Patrono está tan repleta de bondad y su obra tan completamente consagrada al ideal de la fe y de la verdad, que ellas llaman la atención y llevan a la imitación. 

"Maestro de los que ya son tan competentes" en un sector tan delicado e importante de la opinión, San Francisco de Sales todavía puede enseñar, hoy más que ayer, como se vive perfectamente conforme a la conciencia y a la fe, como se escribe al servicio de la única verdad, como se consagra la vida a un ideal.